Todos los Noticias

A lo largo de la isla de Tutuila en la Samoa Americana durante septiembre 2016, la tripulación del Flor de Pasión ha gozado en directo de un concierto de cantos de ballenas jorobadas. Ha sido suficiente con sumergir el yoyo (el hidrófono manual) en el agua para escuchar, con el chasquido de los fondos marinos en segundo plano, esas extrañas melodías provenientes de los océanos. Transmitidas en continuo al Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universidad Politécnica de Cataluña en Barcelona, estas grabaciones efectuadas en el marco del programa 20.000 sonidos bajo el mar son después analizadas por el biologista Michel André y su equipo quienes las explotan y así alimentan su proyecto de cartografía de la polución sonora de los océanos. No la de las ballenas, por supuesto, sino la engendrada por la actividad humana.

Canto de ballenas jorobadas a lo largo de la Samoa Americana

Mientras que en este mes de septiembre de 2016, el Flor de Pasión se encamina hacia Australia, la explotación de los registros submarinos efectuados en el marco del programa 20.000 sonidos bajo los mares con ocasión de la primera mitad de la travesía del Pacífico, de Chile a Tahití de abril a junio, continúa en el Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas de la Universidad Politécnica de Cataluña en Barcelona.

Es así que, en las dos secuencias de abajo, grabadas respectivamente el 11 de abril de 2016 en las proximidades de Concepción en Chile (posición : 37°04´42.2 »S 74°43´17.4 »W) y el 25 de abril de 2016 en el nordeste de la isla de Robinson (posición : 29°58’47.6 »S 82°29’56.0 »W), se pueden escuchar silbidos y chasquidos probablemente producidos por delfines piloto (Globicephala macrorhynchus / G. melas), una especie que pertenece a la familia de los globicéfalos pero que la tripulación del velero no ha podido observar.

Sonido de delfines piloto 11 de abril de 2016_Chile alta mar Concepción

Sonido de delfines piloto 25 de abril de 2016_Noroeste de Robinson

A partir de septiembre de 2016, un séptimo dibujante ha embarcado en el Flor de Pasión en Papeete, en el marco del programa cultural de la expedición En el espejo de Magallanes. Ambroise Héritier, originario de Granois, cerca de Sión, ha cambiado las montañas del Valais por otros relieves, los de los atolones del Pacífico sur, entre Tahití y Fiji. Y en un impactante juego de sombras y luces, nos ofrece una primera visión deslumbrante de la isla de Moorea, entre amanecer o puesta de sol, no sabríamos decir, captada durante las primeras horas de la salida.

Las cimas se recortan sobre un fondo de cielo con gamas grises que hacen eco a la negrura de un agua que podría ser matinal o vespertina. Y se resiente ya la intensidad luminosa del sol en algún lugar detrás de la isla.

A partir de Tahití, Ambroise residirá a bordo hasta las islas Fiji vía las islas Cook, Samoa y Tonga. De qué transportarnos todavía durante un largo momento por este paseo de la mar salada revisitada.

Tras la salida de la expedición de Papeete el 2 de septiembre de 2016, el tiempo ha sido favorable para la navegación a vela pero poco favorable en lo que respecta a las muestras de agua de superficie en el marco del programa Micromégas sobre los micro-plásticos. A causa de un viento demasiado fuerte, de una mar muy agitada y de la excesiva velocidad del velero –tres parámetros esenciales-, sólo ha sido posible poner en el agua el Manta traw en contadas ocasiones. Afortunadamente, una zona de calma pudo remediar « el problema », sin por ello obstaculizar el avance del barco en dirección a Australia.

La idea germinó rápidamente tras la llegada de la expedición a Tahití, en junio de 2016, a raíz de los encuentros e intercambios - todos más estimulantes los unos que los otros - con actores locales, sobre cuestiones científicas, del medio ambiente y socio-educativas. Dicha idea se concretizó unos meses más tarde. El 25 y el 30 de agosto, dos clases de escuelas primarias de Papeete y sus maestros han tenido el privilegio – y la alegría !- de embarcar a bordo del Fleur de Passion para una salida al mar de un día. Un total de sesenta niños de entre 12 y 13 años, para los que iniciarse a la navegación a vela ha sido una gran primicia, han participado en esta salida. La finalidad fundamental era sin embargo otra. Se trataba de que conocieran el universo marino desde más cerca y de prolongar bajo esta forma inédita y excitante el trabajo de sensibilización llevado a cabo en clase. A juzgar por las estrellas que brillaban en los ojos de estos «bucaneros » de un día, de regreso al puerto... misión conseguida !!