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De regreso de Tahití donde ha navegado durante dos semanas en el Flor de Pasión en junio de 2016, la dibujante ginebrina nos revela una mirada expresiva, así como original y divertida aunque veces también agridulce, sobre este paraíso que no es tal para todo el mundo a pesar de su evidente belleza. « En residencia » a bordo del velero, en un viaje de ida y vuelta de Papeete hasta las islas australes, Isabelle ha seguido la expedición y quienes la efectúan, describiendo con calidez y humanidad los personajes y la atmósfera sin parangón que reina sobre un barco, máxime un viejo aparejo como Flor de Pasión. Y en las escalas, nos hace compartir encuentros, sentimientos e impresiones de un viaje memorable.

Extractos del Cuaderno de Bitácora de La Brigantine en los primeros días de navegación tras la salida de Río.

Diez días después de su partida de Río, a mediados de septiembre, llega el momento de que el grupo de La Brigantine proceda a las presentaciones:

Las de la tripulación del Flor de la Pasión y las de ellos mismos: los tres acompañantes y los seis jóvenes embarcados para pasar dos meses a bordo hasta Mar del Plata, en Argentina.

Para aquellos que no hayan podido ver en directo en la RTS1 Passe-moi les jumelles el viernes 18 de septiembre, o para los que desearían una vez más dejarse llevar por el aliento del reportaje, siempre es posible verlo o volver a verlo en la página web del canal:

Los primeros sonidos captados por el Flor de la Pasión en el marco del programa 20 000 sonidos bajo el mar han sido transmitidos por el Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universidad Politécnica de Cataluña en Barcelona, que colabora con la Fondation Pacifique. Se han hecho esperar, pero por una razón en la que vale la pena detenerse: auténtica primicia mundial, este programa de cartografía de los sonidos, y por consiguiente de la polución sonora de los océanos, es eminentemente experimental. Y los equipos de altísima tecnología fabricados a medida para la ocasión —el sensor acústico que va colgado a la popa del barco y el material de transmisión vía satélite— han resultado más delicados de lo que estaba previsto.

Debido a un ruido parásito en el momento de su transmisión continua, que los dejó inservibles, los datos recogidos se guardaron a bordo y luego se pusieron a disposición de los equipos del LAB en forma de disco duro, que se envió en la escala de Brasil para que se extrajesen los considerados más interesantes desde el punto de vista científico.

Son algunas de esas secuencias acústicas sin editar las que se subido a la web antes de que, próximamente, se les añadan las informaciones necesarias para poder comprenderlas. Aun así, resultan impactantes por lo que transmiten de un universo submarino que bien poco tiene del «mundo silencioso» descrito en los años sesenta, cuando los seres humanos apenas comenzaban a explorar las profundidades de los océanos.

Sonido 1, Sonido 2, Sonido 3.

Estos datos se suman al banco de datos alimentado por las sondas repartidas por el mundo e interconectadas por la comunidad científica.

Michel André, director del LAB, subió al barco a principios de septiembre, aprovechando la escala en Río, para diagnosticar la fuente de este ruido parásito incorporado a las transmisiones. Se llevó con él una parte de los equipos para poder realizar un estudio más minucioso del problema en los laboratorios de Barcelona. Si todo va bien y las nuevas pruebas son satisfactorias, los sensores volverán a colocarse en su sitio en la escala que efectúe el Flor de la Pasión en Buenos Aires, alrededor del 16 de octubre.

A pesar de estas peripecias, el programa 20 000 sonidos bajo el mar sigue su curso. Al carecer de una sonda de arrastre y al no poder transmitir a Barcelona automáticamente los datos recogidos, la tripulación utiliza un sensor manual cuyos datos se conservan a bordo. En Argentina se enviarán en un disco duro.